Alps en el bosque oscuro parte 2
Alps se adentró en el bosque malevolente, un lugar donde la misma madera parecía respirar con lujuria. Las sombras no se limitaban a seguirla; la acariciaban con dedos fríos, deslizándose bajo su ropa mientras los árboles retorcidos susurraban promesas de placer y dolor. No cazaba animales ni frutos, sino el alimento prohibido que solo las entidades de la pesadilla podían ofrecer: la esencia vital liberada en el éxtasis. Pronto, el juego del pilla-pilla se transformó en una orgía de persecución carnal, donde ser atrapada significaba ser desgarrada por garras de ébano mientras una boca sin rostro la devoraba desde dentro, mezclando el terror con orgasmos que robaban su aliento y su voluntad.
En el corazón del bosque, encontró a su hermana, no como una prisionera, sino como la reina de aquel infierno, su cuerpo cubierto de la savia oscura que emanaba de los árboles como una lubricante sagrada. La carnicería que se desató no fue una lucha, sino un ritual de unión. Las hermanas se entregaron a las criaturas que emergían de la tierra, sus cuerpos se entrelazaron en una danza sangrienta de piel, saliva y semen mientras el bosque entero palpitaba con el ritmo de su rendición final. Fue una carnicería de placer, una ofrenda de carne donde el amor fraternal se consumió en el fuego de una depravación divina y eterna. Alps en el bosque oscuro parte 1












